25.04.18 | ¡¿Qué mejor cosa que una salida por las tierras de Castilla y León para celebrar el Día de la Comunidad?! Así, esta vez pudimos cruzar por el Pinar de Valladolid, seguramente ligado a Fernando de Antequera, nacido allá por 1380 en Medina del Campo y que llegó a ser rey de Aragón, con los sobrenombres de el Magnánimo y el Sabio. También pasamos por los restos del monasterio de Aniago, cuya primera fundación se debe a la reina Urraca de Castilla. Y cruzamos el Adaja –que viene de la teresiana Ávila- por el puente mandado construir por los Reyes Católicos…

Pero luego llegó la realidad: el día se presentó excepcional, sin lluvia y con sol, algo novedoso en esta primavera, sin viento, y con los caminos no muy embarrados. Alguien, llamado Íñigo, se obstinó en pinchar una y otra vez, con lo que el pelotón se convertía en una estiradísima serpiente multicolor, que dicen los entendidos del periodismo ciclista.

Quedamos a las once en la Escuela Deportiva Niara. Salimos un poco tarde debido a que los mecánicos (o sea, Juan M., Óscar,Fernando, Jotas y Fico) seguían haciendo horas extraordinarias a causa del (mal) estado de algunas bicis y el abandono (pacífico, eso sí) de sus dueños. Todo ello ante las razonables protestas deCatalina, que había sido puntual como pocos. Pero todo llega en este mundo y a eso de las 11:45 conseguimos salir por el Peral tomando el camino de las Berzosas y luego atravesando el Pinar por la Cañada Real. 35 ciclistas rodando son 70 ruedas (por aquello de los pinchazos que después de todo sólo hubo 7 u 8).

Primera caída, la de Joaquín D. que se hizo un boquete en el brazo pero siguió sin problemas hasta la meta final: -¡que se quejen los débiles! debió pensar Más tarde cayó Joaquín U. que no se podía levantar a pesar de que estaba entero. Luego Santi, luego… Todo sin mayores trascendencias. Ernesto llevaba una bici varias veces inferior a su talla pero hizo ida y vuelta sin problema; parece que está en forma y que va a seguir dando guerra.

Parada en Puente Duero para repostar y rellenar los bidones. Y pasado el Duero por el puente medieval, enfilamos el camino entre pinares, campos y riberas. Andaban los campos húmedos y algunos –Ilde, Alejandro, Javito, Pablo– se esforzaban seriamente en mancharse de barro todo lo posible de forma que sus camisetas se tornaron de un perfecto color marrón terroso. O barroso. Lo peor es que también se esforzaron en cambiar de color al resto de la comitiva.

Luego, Chucho nos llevó por la estrecha senda del Adaja –entre el pinar y el río- sin que nadie se cayera al agua. Pero Teresita (¡ay, ay, ay!) no hacía más que pararse a recoger espárragos, y estuvo a punto de quedarse allí hasta acabar con todos los de este pinar, pues ya había acabado con los del suyo. Por eso llegamos un poco tarde. También hay que decir que donde el pelotón hacía paradas, don Mito, tumbadas. Pero se resistió a subir en el coche escoba deJuan P.

A eso de las tres, ya estábamos en el Tamarizo, justo enfrente de Valdestillas, al otro lado del río. Fue llegando todo el mundo:Teresa, Elena, Marta, María, sobradas; Rafa, Juan V., Álvaro, los dos Alejandros, Alfonso… No sabemos qué Catalinallegó antes, si la madre o la hija, aunque ésta última llevaba la rueda pinchada. También entró en meta, muy tranquilo y sin despeinarse Juan M. P.

Allí nos esperaban los que no habían ido con nosotros. Por ejemplo,Irene y Moncho, la primera con un pastel de salmón y otro de jamón impresionantes para reponer fuerzas, y el segundo con una vinoteca espectacular (¡solo para mayores, eh!). También estabaLolo, que había tenido problemas para venir en bici e Irenepequeña. Aunque también debemos citar el arroz con leche, café y chupito (¡bien!) de Jesús Ángel y Carmen, que estaban con Edu. Igualmente allí estaban en plan avitualladores Carlos M, Beatriz yAlejandro; Ernesto; Pino, Javier y Luis; los Fekete al completo: difícil mencionarlos a todos, pero, como siempre hay que aplaudir a Martadegoma, la joven campeonísima de pinos y volteretas; y los Martínez de Soto, entre ellos sólo citamos a la audaz y valiente Covadonga, ¡única chica que se bañó en el Adaja despreciando la gélida temperatura de las crecidas y turbulentas aguas del deshielo!

Yo lo he contado, pero todo lo grabó Mariano y en algún sitio lo colgará. Nos hicimos 31 km. La vuelta fue más suave si bien algunos abandonaron en Valdestillas y fueron sustituidos por ciclistas de refresco. Total, que a las 19:00 h. todo el mundo estaba de vuelta en Pucela. ¡Feliz Villalar!

Publicado en valladolid en bici

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