11.10.17 | Esta vez se trataba de hacer un recorrido en familia por más de treinta rodadores. Había de todo un poco: gente joven, gente mayor, gente mediana, niños…    Sobre buenas bicis y sobre auténticos trastos de dos ruedas gobernables con dificultad. Los que estaban en forma llegaron a Villavaquerín y volvieron a Valladolid. Los que habitualmente no rodaban demasiado se quedaron allí y les trajo el coche escoba o alguna familia de las que habían ido en vehículo de cuatro ruedas a comer y pasar la tarde en la casa de los padres de Juan, que es donde nos dimos cita.

Salimos de la Escuela Deportiva Niara –punto de encuentro- para atravesar el Pinar (-¡ay ay ay suspiraba Teresita intentando dominar su bici que quería quedarse clavada en los bancos de arena; lo mismo volvió a suspirar cuando casi se cae a la acequia y cuando, ya al final, no podía mucho más con una cuesta arriba suave pero prolongada…) y llegar a Laguna. Aquí se despistaron Juan Carlos, Álvaro y  Juan y, por su cuenta llegaron a Herrera y Tudela; los encontramos al final en Villavaquerín (sabían que allí había comida).

Por el Canal del Duero todo fue tranquilidad. Bueno, algún ciclista que venía en dirección contraria a toda pastilla casi se pega un buen remojón. El camino de sirga se encontraba con un firme perfecto y los chopos y fresnos empezaban a amarillear. En el cruce con la antigua carretera de Segovia, a la altura del viejo Tubo Barrasa, recogimos a Pino, Javier, Luis y  Javito.

Y así fue transcurriendo todo, sin mayores incidentes salvo algún pinchazo como el de Jotas. En algunos el cansancio empezaba a hacer mella y el pelotón se estiraba y estiraba hasta alargarse dos o tres kilómetros. En cabeza siempre estaban Íñigo, Luis, Alejandro, Álvaro, Alfonso, Santiago, y Chucho controlando para que no se escaparan; solían cerrar la comitiva  Alberto, Fernando, David, Joaquín…

 

Pasamos bajo dos autovías –Segovia y Tudela-, cruzamos junto a las lagunas de Fuentes, y dejamos al sur Tudela de Duero. Pero había que dejar el Canal, y así lo hicimos al llegar a las Mamblas, que rodeamos para acercarnos al arroyo Jaramiel. El camino se empezaba a hacerse largo. No obstante, ahí se mantenían, en medio del pelotón como campeonas dispuestas a dar el salto a la cabeza  las dos Isabeles, Ana, Mencía, Teresa y María.

En Villabáñez –donde se elabora una de las mejores cervezas del mundo mundial- paramos a repostar en la fuente. Rafa prefirió subirse al arca para contemplar el panorama. Algunos llegaron a bañarse en el pilón. ¡Qué fresquita y rica estaba el agua! Otros –los de cabeza- se echaron una siesta como de media hora en el prado del Humilladero, hasta que llegó el grueso del pelotón.

Quedaba lo más duro. Una recta larga, larga, con algunos repechos que, por el valle del Jaramiel, nos condujo hasta Villavaquerín. Algunos creían que nunca se iba a acabar, pero llegó un momento en que la torre de la iglesia –que se veía ya desde Villabáñez- estuvo al alcance de la mano. Claro que quedaba todavía un último repecho pues el lugar al que íbamos, repleto de ciruelos y nogales, estaba a un kilómetro del pueblo, en la carretera que va hacia Olivares.

¡Qué gusto cuando llegamos! Aparcar la bici y ponerse a beber/comer fue todo uno. Los más jóvenes, a beber agua y refrescos. Otros tomamos un clarete fresquito que nos devolvió las fuerzas perdidas y, como por ensalmo, se borraron los 40 km recorridos. Otros a tocar la guitarra, e incluso algunos –era el no parar- a jugar en los columpios y toboganes. [La gente joven se recupera en un pispás y la gente mayor, con un clarete, también]

***

Llegó el momento de volver. Algunos  lo hicieron en coche, pero otros, la mayoría –unos 25- nos volvimos en bici por una ruta distinta. Ahí estaba Rafa que llegó a Valladolid como un campeón. E Íñigo, siempre en cabeza. Juan Carlos pinchó una, dos, tres veces y cuando se nos acabaron los parches y las cámaras se subió al coche escoba. Como Alejandro.

Todo el mundo coincidió en que la vuelta fue más bonita y entretenida, pues descendimos –unos 3 km- desde el páramo hasta Peñalba, y luego pasamos por los cortados con aspecto de tarta, que la mayoría desconocía. Las caídas en la senda de los Aragoneses fueron continuas pero sin mayor trascendencia para huesos y tendones. Más tarde rozamos la calzada romana de Simancas a Clunia y pasamos también junto a lo que fue Nuestra Señora del Duero, una de las primeras repoblaciones de la zona.

En el centro de la imágen vemos a Oscar, al que debemos la iniciativa de esta jornada

En fin, que entre unas cosas y otras se nos hizo de noche. Pero antes de acabar queremos dejar constancia de que Teresa madre, Elena, Pino y Catalina completaron la ruta como auténticas campeonas. Total, algo más de 80 km.

¡Hasta la próxima!

Publicado en: https://valladolidenbici.wordpress.com/2017/10/07/excursion-familiar-a-villavaquerin/

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